Dolor difícil

12/01/12 por sovpal


Miguel Marín P.

Sumario

La prevalencia del dolor en el paciente terminal, sobre todo oncológico es muy importante, siendo varias las situaciones en las que es difícil de controlar, bien por su intensidad como sucede en el dolor óseo, o porque éste sea de características especiales, como el poco sensible a opioides, el dolor neuropático, el dolor mantenido por el simpático, el dolor incidental, o aquellos cuadros en los que predomina el componente emocional. Intentaremos explicar cuál es el abordaje apropiado en todas estas situaciones.

INTRODUCCION:

La prevalencia del dolor oncológico es muy elevada. Aproximadamente el 50% de los pacientes oncológicos presentan dolor a lo largo de su enfermedad, incrementándose hasta un 7590% en estadíos terminales. En más de la mitad el dolor es moderado – severo, y requiere un tratamiento continuado con analgésicos opioides. Tradicionalmente se ha admitido que el dolor puede controlarse de forma satisfactoria hasta en un 80-90% de los casos empleando los tres primeros escalones de la OMS. Sin embargo hay un porcentaje significativo de pacientes que van a presentar lo que podríamos denominar “Dolor Dificil”, A este tipo de situaciones dedicamos la siguiente exposición.

DEFINICIÓN DEL PROBLEMA

Para poder manejar a un paciente con dolor difícil, debemos saber reconocer bien la situación. Es importante para ello tener en cuenta la fisiopatología y por tanto el tipo de dolor al que nos enfrentamos, si es nociceptivo (somático o visceral), neuropático, simpático, y valorar también el componente emocional u otros síntomas de malestar o disconfort que el paciente va a referir como dolor. Cada tipo de dolor, de paciente y enfermedad va a exigir muchas veces un tratamiento diferenciado y las más de las veces, multidisciplinar, donde puede tener mucho valor el tratamiento no farmacológico complementario.

TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO

La mayor parte del dolor oncológico como ya se ha señalado se trata con medicamentos de los tres escalones tradicionales de la Escalera Analgésica de la OMS, no obstante la propia OMS ha definido un 4º escalón donde se ubican las técnicas intervencionistas que veremos más adelante. Con respecto al tratamiento farmacológico del dolor difícil, me gustaría resaltar algunos aspectos muy concretos:

Es necesario manejar asociaciones de fármacos, recordar la acción sinérgica entre los AINEs y los opioides y conocer el valor de los fármacos coadyuvantes, esto es, “diversos grupos de medicamentos desarrollados para el tratamiento de diferentes enfermedades no relacionadas con el dolor, pero que son empleados en ocasiones y con buenos resultados en ciertos síndromes de dolor crónico”. Al no ser intrínsecamente analgésicos, muchas veces no se utilizan, cuando pueden tener de hecho un valor en el dolor de difícil control, bien por sus propiedades para producir alivio, potenciar la analgesia de los AINEs y opioides, disminuir los efectos adversos de los mismos o tratar los síntomas acompañantes. De una manera resumida los fármacos coadyuvantes se pueden agrupar en: Antidepresivos, Anticonvulsivantes, Tranquilizantes Mayores, Ansiolíticos, Esteroides y un grupo misceláneo en la que se pueden incluir: los antihistamínicos, relajantes musculares y espasmolíticos, bifosfonatos y calcitonina etc…

DOLOR POCO SENSIBLE A OPIOIDES

Acostumbrados como estamos a prescribir muchas veces estos fármacos como monoterapia cuando el dolor es muy intenso, al ser por definición los analgésicos más potentes nos podemos encontrar con que o no controlamos el dolor o lo controlamos a costa de efectos secundarios intolerables que invalidan totalmente el tratamiento. Esto se da sobre todo con frecuencia en la siguientes situaciones que debemos conocer donde son útiles los tratamientos alternativos.

El dolor óseo: responde mejor a los AINEs y a los Esteroides. En caso negativo, se valorará la Infusión Espinal.

El dolor neuropático requiere un manejo especial con psicofármacos: antidepresivos tricíclicos y anticonvulsivantes. Aquí los opioides, que también se deben utilizar actuarían como coadyuvantes.

Dolor por espasmo muscular: Utilizar miorelajantes.

Dolor por distensión gástrica: estimuladores de la motilidad intestinal.

Dolor por tenesmo rectal, a veces insoportable y que puede precisar de una neurolisis

Cefalea por hipertensión Intracraneal: Los opioides la van a empeorar: Hay que valorar el empleo de esteroides o la derivación neuroquirúrgica.

DOLOR INCIDENTAL

Representa un problema de difícil manejo. Se define como el dolor que aparece bruscamente, a pesar de la analgesia pautada. Puede deberse a que ésta sea insuficiente, pero, más frecuentemente, a ciertas situaciones que lo provocan, tales como un aumento de la actividad, o a diversos acontecimientos en el curso de la enfermedad. Se procurará realizar un planteamiento preventivo con una cobertura analgésica adecuada, evitando las situaciones que lo provocan. Si aparece utilizaremos el concepto de “analgesia de rescate”, con fármacos y vías de acción rápidas. En el caso de los sistemas de infusión se usará la Analgesia controlada por el paciente o PCA.

TECNICAS INTERVENCIONISTAS

El uso de las técnicas intervencionistas en el manejo del dolor oncológico no es nuevo, de hecho las primeras Clínicas del Dolor fueron clínicas de bloqueos nerviosos y la introducción de la administración de opióides por vía espinal es anterior a la Escala de la OMS. Pensamos que no sólo no han perdido vigencia sino que se están potenciando nuevamente por los recientes avances en la aplicación de nuevos fármacos y técnicas de lesión.

Estas técnicas son útiles particularmente en los casos de dolor difícil. Existen cuadros de dolor en los que se puede prever la ineficacia del tratamiento farmacológico convencional y donde los pacientes a pesar de una analgesia adecuada, presentan efectos secundarios intolerables. La eficacia de los tratamientos oncológicos más recientes ha conseguido que la enfermedad se cronifique mejorando la esperanza de vida del paciente con graves problemas de dolor. Las clínicas del Dolor pueden ofrecer a estos pacientes diversas técnicas para el alivio del dolor que evitan la toma por periodos muy prolongados de tiempo de fármacos opioides, reduciendo así la aparición de tolerancia y por tanto, la necesidad de incrementar las dosis, haciendo más fácil el control del dolor.

El control del dolor es importante, no sólo por el alivio que supone para el paciente, tanto físico como psíquico, y para su entorno, sino también por las repercusiones fisiopatológicas negativas que puede producir sobre la enfermedad. Existen estudios en animales de experimentación en los que se objetiva un aumento de metástasis en aquellos sujetos expuestos a un estímulo doloroso 1.

Dentro del arsenal terapéutico, y formando parte, al menos en los países desarrollados de lo que podríamos denominar el cuarto escalón, las Unidades de Tratamiento del Dolor pueden ofrecer los siguientes tipos de técnicas intervencionistas:

  • La Infusión espinal de fármacos.
  • Bloqueos Nerviosos: Neurolisis.
  • Bloqueos por Radiofrecuencia.

Deben realizarse por personal entrenado y requieren un seguimiento y una infraestructura especializada.

INFUSIÓN ESPINAL DE FÁRMACOS:

Para el paciente oncológico la Infusión Espinal es la terapia más importante y más utilizada dentro del cuarto escalón. Desde el descubrimiento de los receptores opióides espinales, esta vía ha sido empleada con creciente interés, inicialmente fue la vía epidural y hoy día con más frecuencia la vía intratecal, que supone una reducción de dosis en el caso de la morfina por cien veces, con respecto a la administración endovenosa.

Está indicada la infusión espinal en los pacientes resistentes a otros tratamientos, o con efectos secundarios intolerables a los analgésicos sistémicos. También pensamos y nuestra experiencia diaria va en ese camino, que ciertos tipos de tumores y sus metástasis van a producir intenso dolor aún en estadíos precoces. A modo de ejemplo, citar los cánceres de pulmón, mama y próstata cuando hay metástasis óseas y el mieloma múltiple entre los procesos hematológicos. Estos pacientes son candidatos a ser incluidos en programas de infusión espinal. Tomamos “el ascensor” por así decirlo al cuarto piso en relación a la escalera analgésica y con buenos resultados.

Entre las indicaciones de esta vía, además de las ya mencionadas, se encuentra también el dolor difuso somático y/o visceral de origen nociceptivo y/o neuropático; sin perder de vista que el objetivo del tratamiento es siempre conseguir alivio del dolor, mejorando la funcionalidad con disminución en la medida de lo posible los efectos secundarios. La vía espinal permite la utilización de distintos fármacos solos o en combinación, siendo los analgésicos opióides, los empleados con más frecuencia.

El tipo de sistema de infusión dependerá de diversos factores, como coste del equipo, tipo de fármacos a infundir, duración y localización del dolor, fármacos y recursos disponibles en un centro hospitalario concreto, nivel de atención de enfermería disponible, preferencias del paciente, y fundamentalmente el pronóstico vital.

Entre los dispositivos de infusióncontamos con catéteres percutáneos, catéteres con reservorio subcutáneo, (para inyecciones repetidas o infusión), sistemas Du Pen (conectados a sistemas de infusión), en estos casos conectados a bombas externas de infusión continua + PCA. y sistemas implantables con reservorio y bomba manual y bombas implantables bien de flujo fijo o programables

Los fármacos aprobados para la vía espinal son los opioides, el baclofeno, los anestésicos locales y la clonidina, y más recientemente, el ziconotide. Existen otros para uso compasivo como el midazolam que han sido empleados con éxito. Dentro de los opioides, la morfina es la más utilizada pero cada vez más se emplean también la metadona, el fentanilo, sufentanilo y la meperidina. Hay otros menos conocidos, que pueden ser útiles en dolor refractario o difícil. ( M.J. Cousins). Entre ellos citaremos:

Clonidina: Está indicada en el dolor oncológico neuropáticoel daño medulary el CRPS. utilizando en este caso la clonidina vía epidural7.

Anestésicos locales: Se emplean en combinación con los opioides cuando es preciso utilizar dosis altas de opioides intratecales que pueden producir efectos indeseables, y existe un componente neuropático del dolor.

Baclofeno: Su indicación principal es el tratamiento de la espasticidad14. No existe evidencia de efectos analgésicos15 aunque algunos autores invocan su uso en el dolor neuropático lancinante16.

Ziconotide (SNX 1 1 1): Está siendo utilizado en dolor oncológico y dolor neuropático o resistente a opioides intratecales18

Existen también otros fármacos en fase de investigación: Dexmedetomidina. Neostigmina, Midazolam, Dextrometorfano, Ketamina, Somatostatina, Octeótrido, Calcitonina, etc.

La infusión espinal ha supuesto un giro de 180º en el tratamiento de dolor. Mejora la calidad de vida de muchos pacientes, ha abierto expectativas y realidades para otros y ha limitado el número de intervenciones lesivas para el tratamiento del dolor refractario; no obstante es un camino que no ha hecho más que empezar y sobre el que la investigación y la práctica clínica tienen aún un gran campo de investigación y unas amplias perspectivas. Al ser una técnica intervencionista no está exenta de riesgos y complicaciones tanto derivadas de la propia técnica de implante del sistema como de los fármacos utilizados, que debemos conocer y saber tratar. La morbilidad no es despreciable y debemos obtener el consentimiento informado del paciente. No obstante,presenta una muy buena relación costo / beneficio.

BLOQUEOS NEUROLÍTICOS:

Dentro del cuarto escalón se incluyen los Bloqueos Nerviosos con fármacos neurolíticos, que persiguen interrumpir la conducción nerviosa lesionando las vías aferentes. Su indicación fundamental es en el dolor nociceptivo en un territorio delimitado por la inervación del nervio o plexo a bloquear. Es una terapia antigua y más frecuente en la primera mitad del siglo XX, antes del descubrimiento de los receptores opioides espinales. Pensamos que tienen hoy en día sus indicaciones y que son útiles en algunas situaciones concretas, cuando el pronóstico vital es corto y el sujeto presenta mal estado general, pero también en algunos procesos muy específicos. Distinguimos tres tipos de bloqueos según la estructura diana: neuroaxiales, simpáticos y de nervio periférico.

El agente ideal sería aquel que cumpliese los requisitos de interrumpir la conducción nerviosa durante un tiempo prolongado de modo reversible,sin producir lesión tisular adyacente, pero desgraciadamente éste no existe. Los agentes neurolíticos, según el lugar donde se inyecten pueden producir una degeneración primaria por destrucción del cuerpo celular sin que aparezcan entonces fenómenos de regeneración, o bien una degeneración secundaria por destrucción axonal, dándose en este caso de forma prácticamente constante fenómenos de regeneración con posible formación de neuromas. Con el tiempo la conducción nerviosa se puede restablecer.

Los agentes neurolíticos a bajas concentraciones presentan una acción selectiva sobre las fibras nociceptivas A delta y C y también son potentes vasoconstrictores lo que se cree que contribuye a la lesión su efecto por sumación de fenómenos de isquemia. Entre los agentes empleados con más frecuencia se encuentran: el Fenol, Alcohol y el sulfato amónico. El suero salino hipertónico o salino frío, actúan como agentes neurolíticos empleados por vía intratecal.

El bloqueo neurolítico del plexo celíaco, del que se ha publica-do ya un meta-análisis que confirma su eficaciaestaría indicado en dolor abdominal alto de origen oncológico, que aparece en un 63% de los casos por tumores pancreáticos. Cuando el dolor es referido por invasión y desestructuración del retroperitoneo la infiltración de los nervios esplácnicos. se ha demostrado más eficaz.

El Bloqueo del Plexo Hipogástrico y el Bloqueo del Ganglio Impar están indicados en los tumores de la pelvis y en el dolor perineal. Tienen escasa morbilidad pero los resultados son variables en el dolor limitado a esas áreas.

Otras indicaciones en oncología serían el bloqueo del V par, fundamentalmente las ramas maxilar superior e inferior por infiltración tumoral, que podría realizarse también por técnicas de radiofrecuencia.

La neurolisis intratecal sigue indicada en el tratamiento del dolor oncológico. El bloqueo neurolítico subaracnoideo o rizotomía posterior química se realiza en casos de dolor oncológico persistente e intratable que presente efectos secundarios inaceptables con otros tratamientos, localizado en 2-3 dermatomas, y diagnosticado como dolor nociceptivo somático. En síntesis, a la hora de plantearse la indicación de un bloqueo neurolítico debe considerarse la localización y cualidad del dolor, la efectividad de tratamientos menos agresivos, el riesgo inherente y la expectativa de vida, siendo más indicado cuanto más corta sea ésta.

BLOQUEOS NERVIOSOS POR RADIOFRECUENCIA (RF):

La lesiones por radiofrecuencia se utilizan desde que en 1931 Kirschner introduce la diatermocoagulación del ganglio de Gasser en el tratamiento de la neuralgia de trigémino. Este método es perfeccionado después por diferentes autores, (Sweet and Mark 1953, Husperger and Wiss 1953). El primer generador de RF fue comercializado a finales de los 50 por S. Aranow y B.J. Cosman. En 1974 Sweet y Wepsic introducen una técnica más avanzada.

Se trata de interrumpir la conducción nerviosa mediante calor o impulsos electromagnéeticos de una manera continuada, como una neurolisis, pero siendo más controlada la lesión que interrumpe la percepcion del dolor. Se hace actualmente mediante los nuevos generadores que buscan una lesión más selectiva de las fibras amielínicas por lo que se han ampliado considerablemente las aplicaciones de esta técnica, tanto a nivel espinal como de nervio periférico.

En el tratamiento del dolor mediante RF hay dos tipos de lesión: 6En el primer tipo, la RF convencional, trata de interrumpir la conducción sensorial. La punta del electrodo debe ser colocada lo más cerca posible del punto diana. Se aplica una lesión por calor de entre 60 – 82ºc, y se utiliza para el bloqueo zigoapofisario tanto cervical como lumbar y bloqueo simpático fundamentalmente. En el segundo tipo, RF Pulsátil (PRF), a más baja temperatura (42º- 60ºc), mediante la creación de un campo electromagnético, trata de interrumpir parcialmente la conducción nerviosa. Se utiliza en el ganglio de la raíz dorsal en el segmento metámerico del dolor y para la lesión de nervio periférico, (supraescapular, intercostal etc…).

La técnica se desarrolla en quirófano o sala de bloqueos en condiciones de asepsia con la utilización de un intensificador de imágenes que permita una visión radiológica directa de la posición del electrodo durante el procedimiento. Se emplea anestesia local y una sedación ligera que permita la colaboración del paciente para el test de estimulación eléctrica previo a la lesión. El procedimiento se desarrolla generalmente en régimen ambulatorio. La radiofrecuencia, incluida en este escalón, tiene una utilidad limitada dentro de los procesos oncológicos. En el dolor oncológico tendría más indicación en la neuralgia de trigémino.

Se utilizan los Bloqueos del Simpático tanto a nivel del ganglio estrellado en tumores de cabeza, y cuello con afectación de la extremidad superior, sobre todo si hay signos de dolor simpático mantenido y de los nervios esplácnicos o la cadena simpática lumbar. Se describen resultados similares a la neurolisis química y con menos efectos secundarios. También en la neuralgia intercostal, las neuralgias por compresión de los nervios occipitales mayor y menor, entre otras.

NEUROESTIMULACIÓN MEDULAR:

La Estimulación de los Cordones Posteriores de la médula tiene un uso muy limitado en pacientes tumorales, especialmente cuando la expectativa vital es corta. Se ha visto eficaz en el alivio de neuropatías postquimioterapia usándose en estos casos tras cada ciclo que exacerba el dolor.

Otras indicaciones de la estimulación en el paciente oncológico son:

  • Lesión de nervio periférico (preganglionar) por trauma o cirugía, lesión de plexos braquial o lumbosacro por trauma, radiación o cirugía, existencia de polineuropatía o dolores por desaferenciación: anestesia dolorosa, miembro fantasma.
  • Lesión ganglionar o de raiz posterior: rizopatías dorsales o cervicales o rizopatías lumbosacras incluida cauda equina y la neuralgia postherpética.
  • Lesión de la médula espinal o de ganglio dorsal: en las lesiones incompletas con preservación de cordones posteriores,

CONCLUSIONES

El manejo del dolor oncológico difícil es un reto que debemos asumir a todos los niveles del sistema sanitario, utilizando adecuadamente el arsenal farmacológico disponible y recordando que en las Unidades del Dolor se realizan Técnicas Intervencionistas, que pueden resultar definitivas para controlar a estos pacientes. Es importante una detección precoz del problema para que el paciente se pueda beneficiar a tiempo de estos tratamientos, evitando demoras y sufrimientos innecesarios por una falta de respuesta al tratamiento convencional con fármacos opioides.