La integración de la medicina convencional y no convencional

DAVID L. KATZ, MD, MPH, FACPM

Associate Clinical Professor of Epidemiology, Public Health and Medicine. Yale University School of Medicine. Director, Yale Prevention Research Center. Director, Integrative Medicine Center at Griffin Hospital. Derby, CT, USA.

Especialista en Medicina Interna y Medicina Preventiva. Es Director del Yale Prevention Research Center, financiado por los Centers for Disease Control, donde supervisa numerosos estudios sobre prevención de enfermedades crónicas. Es fundador y Director del Integrative Medicine Center, en el Griffin Hospital, donde se proporciona a los pacientes una asistencia dual alopática y naturopática conforme a un exclusivo modelo de toma de decisiones por consenso.

Es autor de 50 trabajos científicos y 6 libros, y conferenciante habitual, tanto en los Estados Unidos de Norteamérica como en otros países, sobre temas relacionados con la prevención de enfermedades, promoción de la salud, nutrición y medicina integrativa.

Resúmen

La medicina alternativa y complementaria (MAC) es cada vez más popular. Cada vez más los pacientes comparten la toma de decisiones sobre el cuidado de su salud con sus médicos. A la par, el gran hincapié que se hace desde la medicina convencional en los principios de la práctica basada en pruebas lleva a muchos médicos a rechazar las MAC en su totalidad.

A pesar de que éstas presentan deficiencias derivadas de su falta de pruebas, estas carencias no son universales ni uniformes, ni son realmente distintivas respecto de la medicina convencional, en la que también se dan en abundancia. La reticencia de muchos médicos alopáticos al uso de las MAC provoca no su abandono por parte de los pacientes, sino su ocultamiento.

Como resultado, ambas medicinas discurren en paralelo tras un muro de silencio y de peligrosa ignorancia. Reconociendo que la evidencia ha de generarse de manera continua, que las necesidades del paciente a menudo sobrepasan los límites de la evidencia médica, que la autonomía del paciente es incuestionable, que tanto las MAC como la medicina convencional incluyen prácticas de verdadero mérito y otras de ninguno, y que lo mejor es orientar a los pacientes desde una visión que abarque el espectro de opciones razonables más amplio posible, seremos capaces de tender un puente entre las dos posturas.

La medicina integrativa, fusión de la medicina convencional y de las MAC, es ese puente.

Introducción

La expresión «medicina alternativa y complementaria», o «MAC», es una de las muchas denominaciones que reciben diversas prácticas médicas no comúnmente impartidas a los estudiantes en las facultades de medicina, ni incorporadas a la práctica médica convencional. Cada uno de los términos utilizados para referirse a tales prácticas está limitado o es de algún modo objetable. La denominación «alternativa» implica tanto que tales prácticas se definen por lo que no son, como que son excluyentes de la asistencia médica convencional. Si se usa el calificativo de «complementaria» se da a entender que estas prácticas son suplementarias de la medicina «principal». Por otro lado, en diferentes trabajos1, 2 se ha comentado lo incongruente que resulta sugerir que dichas prácticas son tanto «alternativas» a los cuidados de salud convencionales como «complementarias» de los mismos. A pesar de sus deficiencias, «MAC» es el apelativo más comúnmente utilizado.

Cualquiera que sea el término con el que se las denomine, las prácticas MAC armonizan un amplio espectro de enfoques del cuidado de la salud, entre los que se incluyen la medicina naturopática, la quiropráctica, la medicina tradicional china, la acupuntura, la medicina mente-cuerpo, la homeopatía, el masaje, y muchas otras prácticas. Algunos de los rasgos más ampliamente compartidos por las diferentes modalidades MAC son: el hincapié que se hace en la individualización del cuidado; la dedicación de tiempo y atención a cada paciente; la confianza o la fe en los poderes curativos del cuerpo, y en la naturaleza.

Al margen de estas características unitarias, la MAC es de hecho un cúmulo de prácticas extremadamente heterogéneo, que abarca desde las opciones bien fundamentadas sobre pruebas científicas hasta aquéllas que escapan a cualquier explicación científica plausible3, realizadas éstas últimas por personas de muy diversa índole en cuanto a formación y credenciales. Algunos practicantes de MAC, que se consideran a sí mismos profesionales, no cuentan con una formación oficial ni gozan de ningún tipo de acreditación formal.

En el otro extremo, a los médicos naturópatas se les exigen los mismos cuatro años de posgrado para la obtención de su título de doctores en Naturopatía que al resto de los médicos para el suyo. El ámbito competencial de la práctica naturopática está regulado por los estados en los EEUU.

Algunas de las distinciones entre las disciplinas médicas se reflejan en sus nombres. La medicina convencional es conocida como «medicina alopática», término en el que «alo» significa diferente y «pática» hace referencia a enfermedad. El principio fundamental de la terapia alopática es el de «atacar» los procesos morbosos con terapias que no guardan relación con la afección tratada.

Por lo contrario, la medicina «homeopática» se basa en tratamientos considerados similares a («homeo») los síntomas a tratar, en el convencimiento de que el cuerpo acabará con la enfermedad respondiendo al remedio utilizado. La medicina «naturopática» confía, obviamente, en los tratamientos naturales en su forma de plantearse el tratamiento y la curación.

El interés por la medicina alternativa y complementaria (MAC) y su uso han experimentado un espectacular incremento en los últimos años. Aproximadamente 83 millones de personas en los Estados Unidos (42% de la población adulta) han manifestado haber hecho uso de al menos una terapia alternativa (1997), con una proporción de una de cada dos personas con edades que van de los 35 a los 49 años que han utilizado una o más terapias alternativas4.

En 1997, el número de visitas a los practicantes de terapias alternativas superó en 243 millones al de las realizadas a todos los médicos de atención primaria5; en la mayoría de los casos el tratamiento alternativo se solicitaba para las enfermedades crónicas, los síndromes y el dolor.

Un porcentaje creciente de personas buscan la ayuda de un profesional alternativo a la vez que son tratados por un médico alopático; concretamente, de un 8,3% en 1990 pasó a un 13,7% en 1997. Por lo que respecta a la popularidad de los tratamientos alternativos, es particularmente revelador el hecho de que la magnitud de la demanda de estas terapias continúa aumentando, a pesar de que los seguros no cubren estos servicios. La población de los EEUU realizó un gasto de aproximadamente 21.200 millones de dólares en visitas a practicantes alternativos en 1997, lo que supone un incremento del 45% respecto a 19905. La mayoría -un 58%- de los que recurrieron a las terapias alternativas lo hizo con «finalidades preventivas», mientras que un 42% lo hizo por problemas médicos concretos5.

El uso de terapias alternativas es más prevalente entre la población blanca, femenina, y de alto nivel cultural y económico5 (con ingresos que superan los 50.000 dólares). Aunque el uso de las MAC se da principalmente entre las personas de entre 30 y 49 años5, se ha observado un incremento (actualmente fijado en un 39,1%) entre los pacientes que sobrepasan los 65 años de edad, y es probable que aumente debido a la mayor incidencia de enfermedades crónicas a medida que la población envejece. Se ha observado que el uso de la MAC ha resultado ser especialmente elevado entre los pacientes con enfermedad de Alzheimer, esclerosis múltiple, enfermedades reumáticas, cáncer, sida, problemas de espalda, ansiedad, dolores de cabeza y dolor crónico.

Entre los factores predictores del uso de cuidados de salud alternativos se pueden citar los siguientes: un pobre estado de salud; una visión filosófica holística de la salud y la vida; el padecimiento de afecciones crónicas; la pertenencia a un grupo cultural comprometido con el medio ambiente y/o el feminismo; y el interés por la espiritualidad y por la psicología del crecimiento personal6. Aunque los resultados de las investigaciones varían de alguna manera, todos hacen referencia a las siguientes razones por las cuales las personas recurren a las MAC: la insatisfacción por la falta de capacidad de la medicina convencional para tratar las enfermedades crónicas; el deseo de evitar los efectos secundarios perjudiciales de la medicina tradicional y los tratamientos con efectos adversos; el interés por y el mayor conocimiento de cómo los factores nutricionales, emocionales y del estilo de vida afectan a la salud; y un enfoque más abierto hacia la prevención de la enfermedad y la salud en su integridad5, 6.

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