Alrededor de 180.000 personas en España atraviesan anualmente la fase terminal de su vida, la mitad de ellas por padecimientos oncológicos y el resto por trastornos neurológicos invalidantes, demencias o insuficiencias orgánicas severas. La dureza propia de la enfermedad crónica y de la fase terminal pueden atenuarse con un buen control de síntomas, una adecuada comunicación para conocer cuáles son las necesidades del paciente y de sus familiares y el apoyo psicosocial.
No es difícil comprender que para conseguir su bienestar, es necesario prestar atención a los elementos físicos, mentales, espirituales y sociales que rodean al paciente, a la vez que se busca solución a sus asuntos pendientes. Una buena preparación y ayuda psicológica que potencie sus capacidades, el apoyo de y a sus familias le facilitará sobrellevar mejor la situación y los retos que van surgiendo conforme evoluciona su padecimiento.
La familia es la principal fuente de protección y fortaleza del enfermo, por lo que es deber de la administración y de todos ofrecerle diversos apoyos para que pueda mantener al paciente en casa, si es su deseo, y evitar el desarraigo que le produce su traslado al hospital. Por estas razones, y comprendiendo el valor del apoyo socio sanitario, el Senado español en fechas muy recientes ha instado al Gobierno a elaborar un proyecto nacional de Cuidados Paliativos que estimule a la Administración en sus diferentes niveles para crear las condiciones para que los enfermos en fase avanzada y terminal tengan una vida digna hasta al fina
