Para empezar es necesario dejar patente que los Cuidados Paliativos (CP) no son un artículo de lujo que los países ricos queramos “exportar” a los países más pobres, porque éstos son un patrimonio de todos.

Existen también otros mitos que se deben borrar:

MITO nº 1: El cáncer es un problema de países desarrollados

El cáncer ha sido considerado, a menudo, un problema que afecta principalmente al mundo desarrollado, pero actualmente, de los 10,9 millones de casos nuevos de cáncer cada año, más de la mitad se diagnostican en los países en desarrollo, que sólo cuentan con el 5 % de los recursos mundiales que se dedican a esta enfermedad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en los próximos 20 años el acceso a los CP será, cada vez más, una necesidad básica esencial para millones de personas, sobre todo en los países en desarrollo, porque la incidencia y mortalidad del cáncer y de otras enfermedades crónicas, pero potencialmente mortales, aumentará de forma espectacular. Los cambios demográficos, fundamental-mente el aumento de la población adulta y la emigración a las grandes urbes, están dando un vuelco hacia un perfil epidemiológico en el que predominan las enfermedades crónicas no transmisibles sobre las enfermedades agudas e infecciosas.

De acuerdo con las previsiones para el año 2020, dos de cada tres nuevos casos de cáncer se darán en países en desarrollo, por lo que será posible observar aumentos alarmantes en el número de fallecimientos por cáncer de más del 75% en África del Norte, Asia Occidental, América del Sur, Caribe y Sudeste de Asia, regiones donde tradicionalmente se registraban escasas tasas de mortalidad por cáncer, en comparación con las de 2002.

Dentro de 15 años, los fallecimientos por cáncer en los países en desarrollo alcanzarán la cifra de casi siete millones por año, el doble que la tasa actual. Los países en desarrollo van a necesitar cada vez menos inversión en proyectos sanitarios para el control de las enfermedades transmisibles pero cada vez más recursos para mejorar sus sistemas frente a las enfermedades crónicas. A la hora de planificar las ayudas sanitarias, hay que empezar a cambiar nuestra visión porque las cifras del cáncer no van a dejar de crecer, más aún porque los CP son una necesidad en estos lugares, donde más del 80% de los enfermos con cáncer son diagnosticados en fase avanzada e incurable.

Sabemos que la mayoría de estos pacientes oncológicos, fallecen en condiciones lamentables y con dolor, por no recibir tratamiento paliativo o por ser este inadecuado y sin las mínimas condiciones de atención, que una enfermedad de esta gravedad requiere. Si bien no podemos curar esta enfermedad, sí podemos aliviar de forma eficaz el dolor asociado a las etapas avanzadas. A veces no se necesita una gran inversión económica, basta con un cambio en la cultura sanitaria y en las leyes (por ejemplo, para facilitar un mejor acceso a los analgésicos opiáceos).

A partir de las normas que dictó la OMS sobre analgesia, gracias a varios estudios en grandes poblaciones de pacientes, se racionalizó el uso de fármacos contra el dolor, con lo que se mejoró su efectividad, pudiendo afirmarse que mediante su utilización, según las recomendaciones propuestas, seríamos capaces de aliviar el dolor por cáncer de forma importante en un 75-90 % de los casos. El alivio del dolor por cáncer ha sido considerado por la OMS como un problema que atañe a los derechos humanos, porque su manejo inadecuado es un grave problema de salud pública en el mundo. El dolor asociado con el cáncer avanzado puede y debe aliviarse a pesar de los recursos limitados.

Hay que invertir en prevención del cáncer, pero también hay que dar una respuesta a corto plazo a los millones de personas que mueren cada año con dolor severo. Es necesario lamentar que en los países más pobres, frecuentemente se utilizan tratamientos muy costosos de dudosa utilidad para los pacientes y en muchos casos claramente perjudiciales, pues parece que aportan “prestigio” e ingresos a médicos e instituciones. Es posible que detrás de esta aparente paradoja esté la presión de la industria farmacéutica y la complicidad de unos sistemas sanitarios muy ligados a ésta. Uno de los autores ha visto pautar quimioterapia totalmente ineficaz para un tipo de tumor en un estadío muy avanzado.

No cree que los médicos fueran unos ignorantes, sino más bien que en ocasiones se juega con la ignorancia de los enfermos y con sus esperanzas de curación, lo que hace que éstos acaben pagando el “milagroso” medicamento, aunque ello requiera vender incluso el total de sus escasas pertenencias (incluida su propia casa) o tengan que obtener préstamos que acaban comprometiendo el futuro de su familia.

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